Ansiedad sexual: qué puede estar pasando y cuándo pedir ayuda

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Ricardo Pérez

Psicólogo y Sexólogo

En este artículo te voy a hablar de:

¿Sientes que algo cambia justo cuando te aproximas al encuentro sexual?

¿Te preguntas «¿y si vuelve a pasar?» aunque hasta ese momento estuvieras disfrutando?

¿Has empezado a evitar situaciones sexuales que antes vivías con tranquilidad?

¿Has empezado a sentir miedo o presión a nivel sexual?

Quizá estés bien con tu pareja, hay ganas y te apetece seguir. Estáis besándoos, tocándoos, el momento es agradable. Entonces notas algo. Puede ser una pequeña tensión, un pensamiento que aparece de repente o simplemente la necesidad de comprobar cómo estás. Hasta hace un momento estabas conectado con el momento erótico; ahora también estás supervisando tu rendimiento.

A veces empieza con algo tan sencillo como «espero que hoy no pase». No parece gran cosa, pero ya cambia la forma en la que entras en el encuentro sexual. Empiezas a mirar si tu cuerpo responde, si aparece aquella molestia, si sigues excitado/a o si la otra persona ha notado que estás nervioso/a. Y cuanto más pendiente estás, más difícil se hace olvidarte del tema.

También puede empezar mucho antes. Estás trabajando, cenando o pensando en los planes de esa noche y ya se te pasa por la cabeza que quizás haya sexo. Recuerdas lo ocurrido la última vez y notas que no te apetece volver a pasar por lo mismo. Puede que llegues a evitarlo incluso antes de saber si habría ocurrido o no.

¿Qué es la ansiedad sexual?

Cuando hablamos de ansiedad sexual no estamos diciendo que tengas miedo al sexo en general ni que cada encuentro tenga que vivirse con mucha angustia. A veces lo que notas es bastante más difícil de explicar. Te apetece estar con alguien, pero en cuanto la situación avanza empiezas a estar más pendiente de lo que podría salir mal que de lo que está ocurriendo.

Puede que una vez hayas perdido una erección y ahora estés atento a si vuelve a pasar. Quizá has tenido dolor y buscas cualquier señal que te avise de que está empezando otra vez. O te quedaste bloqueado en un encuentro y, desde entonces, cuando llega un momento parecido ya no fluyes igual.

La experiencia anterior no tiene que haber sido especialmente grave. Basta con que para ti fuera incómoda, te dejara expuesto o te hiciera sentir que algo no había salido como esperabas. El siguiente encuentro ya no empieza desde cero porque vine muy condicionado por su antecesor.

Otras veces cuesta mucho más encontrar un inicio. Llevas una temporada sintiendo más presión, estás cansado, te cuesta estar a gusto con tu cuerpo o hace tiempo que vives el sexo con la sensación de que tienes que responder de una determinada manera. Un día te das cuenta de que llevas meses acercándote con cuidado. Y quizá ni siquiera habías pensado en llamarlo ansiedad.

Cuando lo que sientes es más bien que te cierras, te paralizas o no consigues continuar aunque quieras, puede que te reconozcas mejor en lo que explicamos sobre bloqueos sexuales. Son experiencias que pueden parecerse, pero no necesariamente estás viviendo lo mismo.

Cuando la cabeza empieza a vigilar el cuerpo

Una de las cosas que más suele desconcertar es darte cuenta de que has empezado a observar algo que antes simplemente ocurría.

Por ejemplo, estás excitándote y compruebas si sigues excitado. Si tienes erección, miras cuánto se mantiene. Si alguna vez apareció dolor, estás atento a la primera molestia. Si te preocupa el orgasmo, empiezas a notar cuánto tiempo está pasando y si te estás acercando o alejando.

Al principio comprobar puede tranquilizarte. Ves que todo va bien y sigues. El problema es que, después de haber comprobado una vez, es fácil volver a hacerlo. Y si la segunda vez notas cualquier cambio, aquello que estabas intentando evitar se hace todavía más presente.

No lo haces porque quieras estropear el encuentro. Normalmente haces justo lo contrario: intentas asegurarte de que no vuelva a pasar algo que te hizo sentir mal.

Por eso decirte simplemente «deja de pensar» no suele servir de demasiado. Si te preocupa algo, tu atención vuelve ahí. Lo hace cuando estás nervioso en una reunión, cuando tienes una molestia física y también durante el sexo. La diferencia es que en un encuentro sexual esa vigilancia termina compartiendo espacio con todo lo demás.

Estás besando y comprobando. Tocando y comprobando. Intentando excitarte y, al mismo tiempo, fijándote en si lo estás consiguiendo.

Cuando la preocupación gira especialmente alrededor de demostrar que tu cuerpo responde, hacerlo bien o no fallar, ya entramos en un terreno algo más concreto. Ese es el foco del artículo sobre miedo a fallar en el sexo.

Ansiedad sexual

¿Por qué puede aparecer sin que haya una sola causa?

Lo normal es que quieras encontrar una explicación. Sobre todo si antes no te ocurría.

A veces sabes exactamente dónde mirar. Recuerdas una relación en la que apareció dolor, un momento en que tu cuerpo no respondió como esperabas o una situación en la que sentiste mucha vergüenza. Desde entonces notas que llegas más preparado para que vuelva a pasar.

Pero no siempre hay una historia tan clara. Quizá llevas meses durmiendo mal, estás agotado, tienes menos ganas de sexo o atraviesas una época difícil con tu pareja. Puede que hayas empezado a sentirte inseguro con tu cuerpo. O quizá el sexo lleva tiempo siendo un lugar donde sientes que tienes que estar a la altura, aunque hasta ahora nunca te hubiera dado demasiados problemas. También importa mucho lo que ocurre físicamente.

Si alguna vez has sentido dolor en la penetración, es bastante lógico que la próxima vez no llegues como si nada hubiera ocurrido. Ya sabes que puede doler. Quizá estés más tenso, necesites ir despacio o notes cualquier pequeña sensación mucho antes que en otros momentos. Que te pongas nervioso porque temes que vuelva a doler no significa que el dolor sea imaginario.

Y esto es importante porque a veces se mete todo dentro del mismo saco de «los nervios». Si hay dolor, cambios físicos, efectos de medicación o una dificultad que se mantiene, hay que tenerlo en cuenta. Si además aparece mucha tensión o la penetración se hace muy difícil, conviene valorar también situaciones específicas como el vaginismo.

No siempre encontrarás una única causa. Y tampoco hace falta encontrarla a toda costa para empezar a entender qué te está pasando ahora.

¿Cómo puede afectar la ansiedad sexual al deseo, al cuerpo y a la relación?

Uno de los líos más habituales aparece cuando empiezas a preguntarte si todavía tienes deseo. Te apetece besar a tu pareja, abrazarla o estar cerca. Incluso puedes fantasear sexualmente. Pero cuando notas que ese acercamiento podría acabar en sexo, las cosas cambian. Entonces empiezas a dudar.

Quizá piensas que, si realmente te apeteciera, no te retirarías. Pero a veces no estás evitando a la otra persona ni el deseo que sientes por ella. Estás intentando evitar lo que temes que ocurra después.

Eso explica por qué puedes buscar cercanía y cortar un beso cuando empieza a ir a más. O por qué te apetece estar con tu pareja pero notas alivio si esa noche no surge nada. Desde fuera esas señales pueden parecer contradictorias. Desde dentro suelen tener bastante sentido.

Tu cuerpo también cambia de un momento a otro. La excitación no siempre sube de forma continua, una erección puede variar, el orgasmo puede tardar más o no llegar y una sensación corporal puede aparecer y desaparecer. Todo eso resulta mucho más difícil de vivir con tranquilidad cuando estás esperando que cualquiera de esos cambios confirme que algo va mal.

Y luego está la otra persona; tú sabes que estás nervioso y tu pareja ve que te apartas. Tú piensas que necesitas bajar la presión y tu pareja quizá piensa que has perdido el interés.

Puede preguntarte más porque intenta entenderte, mientras tú sientes que cada pregunta hace todavía más visible aquello que te preocupa. O puede dejar de acercarse para no presionarte y tú interpretar esa distancia como una señal de que el problema ya está afectando a la relación.

Cuando empieza a pasar algo así, ya no estamos hablando solo de lo que ocurre dentro de ti. En ansiedad sexual en pareja desarrollamos con más calma cómo el miedo de uno acaba influyendo en la forma en que los dos os acercáis al sexo.

¿Cuándo pedir ayuda y cómo puede acompañar la terapia sexual?

A veces sigues teniendo relaciones, pero ya no las vives igual. Antes de empezar estás pensando si hoy volverá a pasar. Si tu pareja se acerca, calculas cómo estás. Y cuando termina, en lugar de dejar atrás el encuentro, repasas lo que ocurrió para intentar saber si la próxima vez será diferente.

También puede que hayas empezado a organizar tu vida sexual alrededor del problema. Evitas cuando estás cansado porque crees que habrá más posibilidades de que algo salga mal. Buscas el momento perfecto. Esperas a sentirte completamente tranquilo. O directamente intentas que no haya ocasión de tener sexo.

No hace falta que llegues a un bloqueo completo para prestar atención a esto. A veces el problema no es solo lo que ocurre durante el encuentro. Es todo el tiempo que pasas antes preparándote y después pensando en él.

En terapia sexual no tendría demasiado sentido empezar diciéndote que tienes que relajarte. Tampoco asumir que todo es psicológico. Habría que entender qué te está pasando a ti: qué empezó a preocuparte, qué haces cuando aparece el miedo, qué ocurre en tu cuerpo y cuánto ha ido cambiando tu manera de acercarte al sexo.

A veces aparece una explicación bastante clara. Otras no. Puedes saber perfectamente qué te pasa durante un encuentro y no tener ni idea de por qué empezó. Eso no impide trabajar sobre lo que está ocurriendo ahora.

Si además hay dolor, cambios físicos o una dificultad sexual que se repite, habrá que valorar también esa parte y no quedarse únicamente con la ansiedad.

Si te reconoces en lo que has leído y esta situación se está repitiendo, puedes escribirnos por WhatsApp y concertaremos una primera llamada de admisión. Esta llamada la llevamos a cabo para conocer de forma general qué te está ocurriendo, explicarte cómo trabajamos y valorar si Conexo encaja con lo que necesitas.

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Preguntas frecuentes

¿Qué es la ansiedad sexual?

La ansiedad sexual aparece cuando empiezas a llegar a determinadas situaciones sexuales con miedo, tensión o demasiada atención puesta en lo que podría salir mal. A veces ocurre antes del encuentro; otras, en mitad del sexo o después, cuando repasas lo sucedido. No explica por sí sola cualquier dificultad sexual, pero sí puede cambiar mucho la forma en que vives esos momentos.

No. Puedes seguir sintiendo atracción y ganas de acercarte y, al mismo tiempo, evitar el sexo porque últimamente se ha vuelto una situación difícil para ti. Puedes disfrutar de un beso y retirarte cuando notas que el encuentro va a avanzar. Esa retirada no permite saber por sí sola cuánto deseo sientes.

Estar muy pendiente de cómo responde tu cuerpo puede influir en la experiencia, pero no conviene atribuir automáticamente a la ansiedad una dificultad de erección, eyaculación u orgasmo. Si se repite, interesa mirar qué está ocurriendo en esa dificultad concreta y qué otros factores pueden estar presentes.

Sí. Si algo te dolió, te avergonzó o te hizo sentir muy expuesto, es comprensible que la próxima vez estés más atento a que no vuelva a ocurrir. Si el dolor, la tensión o el bloqueo continúan, también hay que valorar qué está sucediendo físicamente y no quedarse únicamente con la explicación de los nervios.

Cuando notas que el miedo está cambiando tu manera de acercarte al sexo. Quizá empiezas a evitar encuentros, necesitas controlar mucho las circunstancias, te compruebas continuamente o el tema está afectando a tu relación. No hace falta esperar a que el problema se haya vuelto extremo.

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